“La ciencia se rinde ante el poder curativo del pensamiento”

Hipnosis, placebo, pensamiento positivo, fe espiritual, sueños lúcidos y meditación son algunas de las formas por medio de las cuales la ciencia moderna ha redescubierto que la mente es capaz de operar y sanar el cuerpo…

Los científicos Rusos demuestran que el ADN puede ser reprogramado por palabras y frecuencias determinadas.
Sólo el 10% de nuestro ADN está siendo usado para la construcción de las proteínas. Es este subconjunto de ADN que es de interés para los investigadores occidentales ortodoxos de la vieja escuela, pero actualmente se están examinando y clasificando de nuevo todas las tesis.

El otro 90% es considerado “ADN basura”; según los científicos ortodoxos. Sin embargo, hace unos años emergió nuevas fórmulas de investigación del ADN y científicos  rusos, especializados en biofísica y en biología molecular, ya han señalado que el 97 por ciento de nuestro ADN tiene un propósito más alto y no es ‘basura’.

El “ADN” humano es un “INTERNET BIOLÓGICO” muy superior al artificial. La investigación científica rusa (biofísico ruso y biólogo molecular Pjotr Garjajev y sus colegas científicos, implicados en las investigaciones) exponen cómo, directa o indirectamente, fenómenos como:  la clarividencia, ña intuición, actos espontáneos y remotos de sanación, auto sanación, técnicas de afirmación, luz / auras alrededor de personas,  maestros espirituales,  la influencia de la mente en los patrones climáticos y mucho más, la hipnosis y similares pueden tener esos fuertes efectos en los seres humanos y sus cuerpos; ya que es totalmente normal y natural para nuestro ADN reaccionar al lenguaje.

Entendemos por plasticidad cerebral  la capacidad de las células nerviosas para regenerarse anatómica y funcionalmente, como consecuencia de estimulaciones ambientales. El objetivo es conseguir una mejorar adaptación funcional al medio ambiente. El cerebro produce respuestas más complejas en cuanto los estímulos ambientales son más exigentes. Para ello, el cerebro tiene una reserva numérica de neuronas considerable para modular tanto la entrada de la información como la complejidad de las respuestas.

“Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro” lo dijo el doctor Santiago Ramón y Cajal y el filósofo español Ortega y Gasset afirmaba “somos lo que hacemos”. Las últimas investigaciones neurológicas parecen demostrar sus asertos de hace más 70 años. La capacidad Intelectual de una persona puede incrementarse. Según el profesor Mercado, director del Neural and Cognitive Plasticity Laboratory de la Universidad de Búfalo, “la experiencia puede resultar tan importante como la genética en la determinación de la capacidad intelectual”. Ramón y Cajal afirmó que el aprendizaje involucra cambios plásticos funcionales en las propiedades de las neuronas o en sus interconexiones. El aprendizaje, pues, podría ser el resultado de una modificación morfológica entre las interconexiones de las neuronas, similar a los fenómenos que ocurren durante la formación de sinapsis en la vida embrionaria.

En nuestro país, casi el 90 por ciento de la población de sectores medios y altos combina la medicina científica (a la que también se llama biomedicina, medicina hegemónica, hospitalaria u occidental) con algún otro tipo de terapia, según revelan los estudios realizados por el Centro Argentino de Etnografía Americana (CAEA) que dirige la antropóloga Anatilde Idoyaga Molina.

También la OMS puso un ojo en el crecimiento de estas modalidades: en los países en vías de desarrollo, la complementariedad entre lo científico y lo alternativo está en un promedio del 80 por ciento. En Europa, oscila entre el 20 y el 70 por ciento, según los países (en total ,unos cien millones de personas), y en EE.UU. alcanza el 70 por ciento. Pero mientras que el gobierno norteamericano respondió a esta tendencia con la creación del Centro Nacional de Medicinas Alternativas y Complementarias, al que le otorgó un presupuesto de 117 millones de dólares anuales para financiar investigación básica y clínica en esta materia; mientras que en países como Francia y Alemania muchas de las prácticas alternativas están cubiertas por los planes de salud, en la Argentina, el universo de la medicina complementaria se mueve en una nebulosa de la que se sabe poco y que se controla menos, a causa de la falta de regulación.

Esto acarrea el desarrollo de una intrincada red de circuitos neuronales que necesitan de grandes concentraciones de neuronas capaces de ajustar las nuevas entradas de la información y reajustar sus conexiones sinápticas (enlaces neuronales). También, de almacenar los recuerdos, interpretar y emitir respuestas eficientes ante cualquier estímulo o generar nuevos aprendizajes.

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